Desplazados por conflicto armado abandonan refugios de Arauquita pero no retornan a La Victoria

70 % de los desplazados por el conflicto armado en Apure ya se ha retirado de los albergues de Arauquita, sin embargo, lugareños afirman que a La Victoria solo ha retornado 40 % de quienes abandonaron el poblado debido a los enfrentamientos entre el Ejército venezolano y los irregulares colombianos en marzo pasado.

San Fernando de Apure. Etelivar Torres, alcalde de Arauquita (Colombia), informó el pasado 13 de junio que en los refugios solo quedan 1500 de los casi 6000 desplazados que llegaron a ese municipio neogranadino desde el 21 de marzo huyendo de los combates entre disidentes de las FARC y efectivos militares venezolanos.

De estas más de 4500 personas, que corresponden a 70 % que según Torres abandonó los albergues para regresar a casa, apenas la mitad retornó a sus hogares, de acuerdo con testimonio de los lugareños.

Varios de los que han regresado a sus hogares en el casco urbano de La Victoria (Apure) revelaron que el resto de los desplazados, la mayoría habitantes de la periferia rural, se marchó a otros lugares por temor, pese al aparente cese del fuego y despeje militar de la zona.

Todavía hay gente en los refugios; al pueblo ha regresado como un 40 %. Hay muchas personas que se dispersaron en el lado colombiano, unos se fueron para Saravena, otros para la Esmeralda y otros al centro de Colombia”, expresó uno de los habitantes de La Victoria que regresó a su hogar y no quiso identificarse.

Desmontaje de refugios
Por su carácter de transitoriedad y por el abandono progresivo, autoridades y organizaciones de ayuda humanitaria de Colombia iniciaron el desmontaje de los tres refugios oficiales ubicados en canchas y otras instalaciones públicas de Arauquita.

La organización del desmonte empezó la semana pasada”, informó el pasado 9 de junio a Crónica Uno Marlen López, coordinadora del Servicio Jesuita para los Refugiados (JRS).

Indicó López que al principio de la emergencia había 11 albergues, tres de ellos oficiales y el resto, lo que ella llama “autoalbergues” o refugios particulares, los cuales variaron cada semana según el ritmo de la emergencia.

Con la escalada del conflicto, Migración Colombia reportó en el mes de abril hasta 50 albergues distribuidos en Arauquita y el resto de municipios del departamento de Arauca.

En un poco más de 50 albergues se ha acogido a más de 200 mujeres gestantes y 1800 familias”, declaró el 22 de abril Juan Francisco Espinoza Palacios, director general de Migración Colombia.

Arauquiteños solidarios
La mayoría de los refugios habilitados fueron iglesias, fincas y casas de familias de arauquiteños, que voluntariamente se autohabilitaron para recibir y atender a sus vecinos de enfrente, ahuyentados por los ataques.

Durante estos primeros días de la crisis, fueron los arauquiteños quienes dieron las ayudas humanitarias, hicieron donaciones de mercados e incluso sacrificaron vacas para alimentar a los albergados, y abrieron espacios en sus casas o prestando colchones, cobijas y almohadas”, afirmó Lucas Gómez, gerente de Fronteras de la Presidencia de Colombia.

Este gesto de solidaridad contó luego con el apoyo humanitario de las organizaciones de derechos humanos, asistencia social y el Gobierno, que se activaron para atender la emergencia, acotó la coordinadora del JRS.

Desplazados por el terror
Tras el intenso ataque aéreo del domingo 21 de marzo, comenzó la primera movilización de las familias de Los Arenales, Santa Rosa, Santa María, Santa Rita y La Capilla, entre otros sectores.

En la tarde de ese día, la casa de paso para migrantes de Cáritas en La Victoria (Venezuela) y la iglesia Asamblea de Dios de Arauquita (Colombia) se convirtieron en los primeros refugios
En la noche, debido al numeroso desplazamiento, el alcalde de Arauquita, Etelivar Torres, convocó un consejo de seguridad con los organismos de socorro de la municipalidad para atender la emergencia.

Según el alcalde arauquiteño, en los dos primeros días del conflicto llegaron a su territorio 435 familias desplazadas de la parroquia Urdaneta, las cuales fueron recibidas en tres refugios improvisados en las comunidades ribereñas Bocas del Jujú, El Troncal y el barrio Riberas del Arauca.

En los siguientes días, el terror recrudeció al quedar la parroquia Urdaneta a oscuras como consecuencia del intenso combate que derribó las líneas eléctricas, así como por las presuntas quemas de casas, saqueos, robos y detenciones arbitrarias por parte del ejército y FAES, denunciadas por los habitantes.

Sara Rodríguez salió con su familia de Los Arenales y se refugió en la escuela del sector Santa María, junto con otras familias en igual condición que ella “huyendo del ejército”, dijo.

El ejército venezolano no tiene conciencia de que están afectando a nuestras familias; nosotros no tenemos nada que ver, tuvimos que salir corriendo con nuestros hijos”, expresó el 23 de marzo.

Durante los primeros tres días de intercambio armado, salieron al menos 200 de las 600 familias de la comuna Riberas del Río Arauca, dijo Arnulfo Lara, profesor y líder social de la zona.

“Nuestros ancestros titulares de la zona se están yendo, están dejando sus casa, sus fincas, todo solo, motivado a la situación presentada. Vemos una soledad y un silencio total en nuestra comuna Ribera del Río Arauca”, expresó en ese momento el líder comunal.

Según el gerente de Fronteras del Gobierno colombiano, para el 29 de marzo los desplazados de La Victoria en Arauquita superaban los 4700, de los cuales casi 200 mujeres eran gestantes y lactantes y cerca de 2000 eran niños y niñas.

En el último balance ofrecido por Gómez el 22 de abril, se reportó que los refugios de Arauquita albergaron a 5860 desplazados de la parroquia Urdaneta, y de acuerdo a Juan Francisco Espinoza, director general de Migración Colombia, de estos refugiados 4000 eran venezolanos, 1300 colombianos y 400 con doble nacionalidad.

No hay quien responda por daños
El mismo retornado que aseguró que aún falta en Urdaneta 60 % de los desplazados, describió las razones que según él les impide retornar a sus hogares.

El retorno se ha ido haciendo progresivo, pero los militares del Conas todavía están en el pueblo y, además, nadie les va a dar respuesta de los daños materiales a las personas afectadas”, explicó. Esta sería la primera razón.

Tampoco tienen adónde llegar, porque sus casas fueron destruidas y hurtados todos sus enseres, continuó. “Fueron allanadas muchas casas y robadas ni se diga, calculo que unas 400 o más entre La Victoria, El Ripial, La Capilla, Los Arenales, Santa Rosa y por la vía El Nula, El Rincón, La Soledad y Los Cañitos, toda la gente abandonó esos sectores.

En esos albergues todos llorábamos y no había alguien que dijera que no lo habían robado”, relató.

Contó, además, que de los ataques no se salvaron ni las escuelas; por ello, los que aún faltan no sienten que haya garantías para un retorno seguro: “Los militares las saquearon; desde computadoras en adelante les llevaron a las instituciones educativas, por ejemplo, la escuela de Los Cañitos la destruyeron”.

Nuevos desplazamientos
Tras el retiro de las tropas militares acantonadas en toda la parroquia Urdaneta y parroquias periféricas del municipio Páez, a finales de mayo, los activistas de derechos humanos Javier Tarazona y Walter Márquez advirtieron sobre nuevos desplazamientos debido a amenazas de los disidentes de las FARC.

El pasado jueves 17 de junio, el Comando Estratégico Operacional (Ceofanb) anunció el envío de nuevas tropas a La Victoria para reforzar la presencia de seguridad en el límite fronterizo, lo cual fue tomado por muchos como una confirmación de lo anunciado por Tarazona y Márquez.

Y mientras se comienzan a formular hipótesis acerca de estas situaciones y sobre su posibilidad de generar nuevos desplazamientos, se refuerza también la decisión de los primeros desplazados que prefirieron continuar sus vidas en otros lugares, así como el temor de esa porción de habitantes de La Capilla, El Ripial y Las Invasiones (comunidad de construcciones precarias hechas por venezolanos que llegaron a la frontera en busca de mejores condiciones de vida) que aún permanecen en los refugios y no terminan de encontrar calor de hogar.

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