El valor de ser Policía

 

62.986 policías han sido víctimas de la violencia, 3 son asesinados cada dos días, 400 heridos en la protesta social, 1.240 secuestrados y 120 desaparecidos.

El 22 de diciembre de 2020 en Arauca, en la vía que conduce al puente internacional Antonio José Paéz, las disidencias de las Farc al mando de Gentil Duarte, atacaron con un cilindro bomba al CT. Andrés Felipe Ortíz Martínez, jefe de la Sijín del Departamento de Policía Arauca, cuatro policías más resultaron heridos y un suboficial de la Armada fue asesinado. El capitán Ortiz, lucha por recuperar su pulmón izquierdo y la movilidad de sus piernas, debido a las esquirlas localizadas a unos milímetros de la médula espinal.

Dos años antes, el 17 de enero de 2019 el ELN cegó la vida de 22 jóvenes alumnos de policía en la Escuela de Cadetes de Policía, luego de activar un carro bomba con 80 kilos de pentolita, 84 estudiantes más quedaron heridos. Un mes después, el 18 de febrero, los patrulleros de la Policía Fiscal y Aduanera, Óscar Alberto González Torres y  Jeison Alfonso Bejarano Usma, fueron asesinados a quemarropa por el ELN, en pleno puente internacional. Tres meses antes, el 24 de noviembre de 2018, mafias contrabandistas de gasolina, en el sector las mulas de Maicao, quemaron en vida al PT. Giovany Palomino quien luchó por sobrevivir durante siete días ante la silenciosa agonía y sufrimiento de sus padres doña Stella y don Eutimio.

El año 2020 cerró con 3 uniformados asesinados cada dos días en cumplimiento de su deber; indicadores que nos iguala a México donde son asesinados un promedio de 55 policías al mes; cifras que registran muy pocos países del mundo.

En lo corrido del año, los golpes propinados al ELN con las bajas de alias Uriel y al clan del golfo con la caída de alias Marihuano, hizo que estos grupos pusieran en marcha el denominado plan pistola, ofreciendo hasta 2 millones de pesos por el sicariato de cada policía, simulando de nuevo a Pablo Escobar. Solo en dos meses y como consecuencia de este plan criminal han muerto 9 uniformados, algunos de ellos integrantes de comandos de la operación Agamenon y otros policías de las estaciones de seguridad ciudadana en los departamentos de policía de Antioquia, Sucre, Córdoba, Chocó y Nariño.

Grupos pusieron en marcha el denominado plan pistola, ofreciendo hasta 2 millones de pesos por el sicariato de cada policía, simulando de nuevo a Pablo Escobar

En los últimos dos años más de 400 policías fueron heridos por acciones violentas en la protesta social y últimamente en Bogotá, en procedimientos cotidianos que atienden las patrullas de vigilancia responsables de los cuadrantes fue asesinado el PT. Edwin Caro Gómez, por un delincuente de nacionalidad venezolana y herido el PT.

Jorge Eduardo Yazo en el barrio Aguas Claras, a quien le quitaron su mano derecha con un machete, luego de ser atacado al atender una riña. El patrullero logró recuperar su mano, llevarla al hospital y salvarla después del profesionalismo médico brindado en el Hospital Central de la Policía.

En 60 años de narcotráfico y terrorismo, el Centro Nacional de Memoria Histórica registra 62.986 policías y sus familias víctimas de la violencia, 8.000 policías perdieron sus vidas, miles quedaron en condición de lisiados, 1.214  fueron secuestrados y 120 están aun desaparecidos, entre ellos dos mujeres, sobre los cuales sus familias no tienen noticias y aún esperan su regreso a casa.

El policía en cualquier especialidad de la profesión, está expuesto a un permanente y altísimo riesgo: en los Gaula, Tránsito, Inteligencia, Investigación Criminal, Protección, Antinarcóticos y Carabineros. Las minas antipersona sembradas por narcotraficantes y terroristas en zonas de cultivos ilícitos, han dejado 7.280 uniformados muertos, mutilados y heridos de la Fuerza Pública en tres décadas.

Casos recientes como el de los Patrulleros José Fernando Carvajal, Jean Carlo Duque Zabala, Neider Israel Parra Contreras y el auxiliar de Policía Kevin Johan Ordóñez Ángel, jóvenes entre los 18 y 22 años que perdieron sus extremidades inferiores y otros de sus órganos; son ejemplo de héroes sobrevivientes.

Gracias al adecuado sistema de atención integral a cargo de la Policía Nacional y del Ministerio de Defensa, han logrado avanzar física, psicológica y educacionalmente. Participan en competencias deportivas y son ejemplo de superación y motivación para otros policías y soldados en condiciones similares. En 2019, el mundo registró 2.170 muertos por minas antipersona, y Colombia sigue en los primeros lugares después de Afganistán, Nigeria e Irak.

El Policía de vigilancia, el de la calle, el que portará el nuevo uniforme azul oscuro, que desde ya genera seria resistencia; es el policía de la seguridad ciudadana, el que está a la interperie, en zonas de constante riesgo, desde que sale el sol, anochece y vuelve a salir, y el que algunas veces no puede descansar porque su turno se une al siguiente, afectando su descanso.

Es el mismo policía, garante de nuestra convivencia y tranquilidad, que tiene la misión de llegar oportunamente, tratar bien al ciudadano y resolver sus inquietudes, el mismo que está expuesto al coscorrón, al escupitajo, a que sea humillado, vilipendiado, mutilado o asesinado por cumplir con su deber, para proteger la vida e integridad de sus semejantes.

El policía de la seguridad ciudadana, que no ha logrado ascender y que permanece en el grado de Patrullero, ha recibido en 20 años, un incremento salarial de 900.000 pesos y si logró sus ascensos en los tiempos establecidos, el aumento ha sido de 2 millones en dos décadas; razón suficiente para solucionar el régimen de ascensos y mejorar significativamente los ingresos del policía; medidas urgentes y necesarias a cargo del Ejecutivo y del Congreso de la República.

Este déficit cercano a los 400.000 millones de pesos, es igual al monto que se ha destinado en los últimos cuatro años a los esquemas de protección de los cabecillas desmovilizados de las Farc. ¿Este es el valor real de ser policía?

El valor de ser policía parte del respeto a su dignidad, la protección de su vida e integridad y la de su familia; de obtener el bienestar, la salud e ingreso salarial acorde a los riesgos y complejidades de la profesion, disponer de la formación, entrenamiento y herramientas apropiadas para el servicio, y recibir del ciudadano, el afecto, respeto y reconocimiento como persona y autoridad.

Con seguridad, la Estrategia de Innovación, Transparencia y Efectivdad anunciada por el ministro de Defensa Nacional se ha formulado sobre lo construido, pero es clave que esté acompañada de un liderazgo más humano, carismático y técnico, y menos efectista, efectivista y/o emocional. Los resultados por estadísticas convierten a las instituciones en máquinas y las deshumaniza, aunado a las consabidas consecuencias perversas que acarrea.

 

NOTA TOMADA DE las2orillas.co

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