Arauca: la estrella en la producción de plátano

El departamento logró ser caso exitoso de sustitución de cultivos ilícitos al apostar por producciones como la de plátano.

“La coca marcó una historia grande y dura para nosotros. Era más fácil sacar un kilo de coca, a caballo o en burro, que sacar una carga de plátano. Ese cultivo creció porque no había condiciones de vida o de trabajo para la gente”. Así habla Josué Castellanos, un productor de plátano de Tame, Arauca, sobre la época en que el cultivo de coca abundaba en su departamento.

Asegura que la existencia de Arauca, para el resto del país, estuvo prácticamente olvidada hasta los años ochenta, cuando en el territorio encontraron petróleo. Sin embargo, según Castellanos, ese hallazgo no resolvió el abandono estatal. Dice que gran parte de lo que han logrado como productores agropecuarios lo han hecho a pulso y con organización comunitaria.

En los noventa, el conflicto armado, la disputa por el territorio y el cultivo de coca arreciaron. Para principios de los años 2000, Arauca contaba con más de 2.200 hectáreas de coca, según el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos. Entonces, empezaron las fumigaciones, que aumentaron el hambre y el desplazamiento de la población. Arauca, junto a Vichada, forma parte de la región que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) denomina Orinoquia.

Según esa entidad, desde 2008, y “de manera más pronunciada en 2012, se registra una reducción sostenida del área con coca en la región”, de la mano de proyectos que han involucrado a los gobiernos tanto nacional como local, así como a la empresa privada y, por supuesto, a los productores que cambiaron la coca por cultivos tradicionales en la zona, como el cacao y el plátano.

En 2018, Arauca fue finalmente declarada como “región exitosa en sustitución de cultivos ilícitos”.

Ese año, según la UNODC, hubo poco más de siete hectáreas de coca en el departamento.

En el informe presentado este año, sobre 2019, ya no se registra área sembrada. En contraste, Arauca se ha convertido en una de las zonas estrellas en la producción de plátano, su principal producto agrícola.

Según el secretario de Desarrollo Agropecuario, Víctor Pinzón, con 32 mil hectáreas, Arauca es el segundo, después de Antioquia (que tiene alrededor de 64 mil), en cuanto a área sembrada. Sin embargo, destaca ser los primeros en el país en cuanto a productividad, con un rendimiento de 25 toneladas de fruta por hectárea (le sigue Meta, con 20).

Lo anterior, dice Pinzón, tiene que ver con la aptitud del suelo, lo que, además, permite que se necesiten menos agroinsumos. Esto podría hacer que los costos de producción fueran más bajos, sin embargo, se elevan por el transporte hacia Santander y Bogotá, los principales mercados para el plátano araucano.

Por esa razón, el secretario y Josué Castellanos no dudan al afirmar que la inversión en vías, sobre todo terciarias, debe ser una de las prioridades del Gobierno.

Por cierto, Castellanos señala que es necesaria más capacitación en el manejo de agroquímicos, pues de todas formas se abusa de estos, lo que está llevando a que los trabajadores “se intoxiquen”.

A nivel local, la apuesta conjunta entre gobernación y productores ha sido sacar adelante la planta agroindustrial para la transformación del plátano, de manera que se puedan lograr presentaciones de valor agregado, como chips, producto empacado al vacío y fruta fresca en caja.

Otro de los objetivos es exportar, pues hasta el momento el departamento no lo hace. La idea, según lo que cuenta el secretario, es que haya más productores como Castellanos, quien está certificado en Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y en proceso de certificación para que su predio, con 35 hectáreas de plátano, sea exportador.

“La finca se tiene que ver como una empresa, y hay que pensar en grande (…). Tengo que planificar muy bien si quiero exportar, organizar los lotes y certificarme”, dice Castellanos.

El llamado

A Arauca no llegó el que en 2019 fue el peor temor de los cultivadores de banano y plátano: el fusarium. Según el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), este hongo se encuentra controlado en 10 predios de La Guajira, que están en cuarentena y cuyas plantas tuvieron que ser erradicadas por completo.

Este control, señala el ICA, ha sido posible por un trabajo conjunto con gremios como Augura, Asohofrucol y Asbama; en tanto que el muestreo y el monitoreo que se han hecho en los 27 departamentos productores no han dado señales de que haya fusarium en otros lugares del país.

De acuerdo con Pinzón, las amenazas que enfrenta el plátano en Arauca son, por ejemplo, los vientos de agosto y diciembre, que generan volcamiento de las plantas.

De fondo, le preocupa el potencial que se está desperdiciando: de 600 mil hectáreas con vocación agrícola que tiene Arauca, apenas unas 100 mil están siendo aprovechadas. Esto significa que se está perdiendo un potencial productivo y de generación de empleo. Para hacerse una idea, solo el cultivo de plátano emplea a 60 mil personas en el departamento.

Para que este sea valorado como la despensa alimentaria que es, Pinzón asegura que debe invertirse en bienes públicos y servicios, como la asistencia técnica. Apenas un 22 % de los agricultores la reciben, mientras que apenas un 10 % de todos los productos del departamento son transformados para dar valor agregado.

En cuanto a la situación que nadie puede ignorar, la pandemia, el funcionario señala que, por fortuna, este factor ha propiciado el acercamiento con el Gobierno Nacional y que el diálogo sea más fluido.

Castellanos, por su parte, asegura que los productores vieron una afectación en los precios que se les pagan, por cuenta de las restricciones en las centrales de abasto y el cierre de algunos canales de comercialización.

Actualmente, la carga de plátano (125 kilos) se paga a unos $140.000, que entrega alguna rentabilidad, pero que está muy lejos de los $250.000 que se llegaron a registrar hace unos meses. Para el beneficio de la agricultura colombiana, Castellanos pide que se actúe frente a la “inundación” de plátano ecuatoriano en el mercado nacional, más aún cuando productores como él no solo pueden suplir esa demanda, sino incluso estar aspirando a exportar.

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