5 curiosidades que quizá no sabías sobre el orgasmo

Deshacerse de los mitos y la idealización es uno de los primeros pasos para vivir una sexualidad sana y plena. ¿Qué más ocurre alrededor de ese momento?, estas son algunas curiosidades.

  1. ¿Acabar? El orgasmo es una fase de la respuesta sexual, pero no la última

En la década de los 70, los pioneros investigadores William Masters y Virginia Johnson plantearon el “Modelo de respuesta sexual”, el primero en intentar describir de forma lineal los procesos que experimentamos los humanos ante el estímulo sexual. En él, especificaron cuatro fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución. Posteriormente, se idearon otros modelos y a éste se le añadió otra fase.

Si se toma el primero, la etapa de resolución y no el orgasmo sería la última fase del proceso. En otras palabras, después de que se libera la tensión sexual y ocurre la eyaculación, empieza el período refractario en el caso de los hombres, como consecuencia, disminuye la hipersensibilidad, el pene deja de estar erecto y empieza “una fase de recuperación”.

Masters y Johnson sostuvieron que las mujeres (o personas con vulva) no experimentaban esta fase refractaria, lo que les permite tener varios orgasmos de manera consecutiva. Entonces, ¿qué pasa con la eyaculación femenina?

  1. La mujer no necesita ninguna eyaculación para tener un orgasmo

“La eyaculación femenina es un concepto que está mal expresado a nivel popular porque se hace un paralelo con la eyaculación masculina, las mujeres o personas con vulva no eyaculamos, a veces sale un líquido, pero hay un porcentaje bajo que tiene ‘squirt’.

La mujer no necesita ninguna eyaculación para tener un orgasmo, el orgasmo femenino se produce en el clítoris”, explica a Clarín la psicóloga y sexóloga Viviana Wapñarsky, miembro de la SASH.

  1. En el orgasmo también entra en juego la excitación psicológica
    En el camino al orgasmo: se disparan la dopamina, las endorfinas y la oxitocina; aumenta la frecuencia cardíaca y también la respiratoria; el cerebro envía la señal de placer a los órganos genitales.
  2. Pero, una de las advertencias de numerosos científicos que han llevado a cabo estudios en las últimas décadas para intentar desentrañar el origen de las reacciones corporales antes, durante e inmediatamente después del orgasmo es que la experiencia sexual no debe ni puede reducirse únicamente a la actividad del cerebro o a las respuestas orgánicas.

Para que una persona alcance el clímax también se ponen en juego factores emocionales y psicológicos. La doctora Helen Singer Kaplan, una de las grandes referentes de la sexología moderna, destacó su importancia acuñando el concepto de la excitación psicológica además de la física, y añadió “el deseo” como la primera etapa en el modelo de respuesta sexual de Masters y Johnson, que ahora cuenta con cinco etapas.

“La relajación, la posibilidad de autonomía individual —siempre manteniendo el consenso si es una relación con otro— y la sensación de libertad individual y de que eso que se hace está bien son importantes para que una persona alcance el orgasmo”, indica a Clarín Lucía Báez Romano, psicóloga, sexóloga y psico-oncóloga del sector de Urología del Hospital de Clínicas José de San Martín.

Báez Romano (@luciabaezromano) también señala que, en el caso opuesto, “cuando hay nerviosismo, la ansiedad corta o disminuye la respuesta sexual”.

  1. En algunos casos, un hombre puede llegar al orgasmo aunque no eyacule
    La “aneyaculación orgásmica” es una incapacidad de un hombre o persona con pene de expulsar el semen a través de la eyaculación que no impide que experimente un orgasmo. Esta condición médica indica que, aunque la eyaculación y el orgasmo están íntimamente relacionados, son independientes.

En un sentido más amplio, las causas de distintos tipos de “aneyaculación” pueden deberse a lesiones de la médula espinal, condiciones que afectan el sistema nervioso como la esclerosis múltiple o la enfermedad de Parkinson.

Por otro lado, y lejos de las condiciones médicas, según algunos practicantes del sexo tántrico, los hombres pueden sentir un orgasmo sin eyacular. El bioquímico y divulgador científico Pere Estupinyá explica en uno de los capítulos de su libro S=Ex2: La ciencia del sexo que emprendió una búsqueda para entender cómo algunos hombres que seguían la filosofía del tantra eran “multiorgásmicos”.

En medio de una anécdota, el autor identifica que ellos logran “dominar su musculatura pélvica responsable de la eyaculación y ser capaces de vivir el momento de manera intensa distribuyendo la tensión sexual por todo el cuerpo en lo que ellos llaman un «orgasmo corporal»”. Esto, sin embargo, no es la finalidad última de esa filosofía proveniente de la India.

“En Occidente está muy relacionado el orgasmo con la eyaculación porque son momentos que coinciden, si bien no son lo mismo, porque el orgasmo tiene más que ver con una sensación subjetiva y la eyaculación con una sensación más física”, indica Wapñarsky.

  1. Justo antes del orgasmo, la parte interna del clítoris se retrae

El clítoris es un órgano eréctil y neurovascular, así que, tal y como se explica en “Hablemos de sexo”, antes del orgasmo, la parte interna del clítoris, que ya tuvo una vasodilatación, “se retrae por detrás de la sínfisis pubiana [una articulación ubicada en la cara anterior de la pelvis que une las dos partes del pubis] y gira 180 grados”.

Qué hacer y qué evitar para alcanzar el orgasmo
Sexólogas, divulgadoras y especialistas enumeran algunas de las prácticas que favorecen a las personas cuando desean tener un orgasmo, aclarando, de antemano, que se trata de “una etapa más” en una relación sexual.

Tati Español, divulgadora, tallerista autodidacta y autora de Todo sobre tu vulva señala que el orgasmo “se nos plantea como la idea de ‘una meta’, de hecho, se le dice ‘acabar’, ‘terminar’, ‘llegar’, ¿no?; la educación sexo-afectiva que hemos tenido desde los medios de comunicación, las novelas, las películas, el porno, lo único que nos muestra es un acto mecánico, el objetivo principal es el orgasmo y el placer instantáneo está en ese lugar, entonces tendemos a reproducir lo que se nos enseña, lo que se nos muestra y a olvidarnos de hacer una búsqueda más propia, más lúdica, más individual”.

Dejar de pensar en el orgasmo como un trofeo o una recompensa

Wapñarsky recomienda recordar que el orgasmo “es una consecuencia de todo lo que sentimos antes, si nosotros estamos pendientes de lograr un orgasmo, en realidad nos perdemos todas las sensaciones”.

En cambio, “si nosotros dejamos de pensar en el orgasmo como algo a alcanzar, como un trofeo -a solas o en compañía- vamos a lograr sentir y dejar volar nuestra imaginación y el orgasmo va a venir porque la estamos pasando bien”, indica la psicóloga y sexóloga.

El consentimiento y la protección son fundamentales

Wapñarsky, cofundadora de Consexuar, destaca la importancia del consentimiento en todo momento durante la relación sexual y el uso del preservativo para prevenir el contagio de infecciones de transmisión sexual. “Siempre tiene que estar presente el consentimiento de todas las personas que participan y están involucradas en esa relación sexual y, por supuesto, el cuidado con preservativos”.

Mantener una comunicación asertiva

Si la comunicación es un factor crucial para dar y recibir placer, ¿cómo se puede encarar esa charla? Para Wapñarsky es importante “poder emitir mensajes claros y precisos”. Y agrega que: “Para poder hacer eso, uno primero tiene que tener claro su propia relación con la sexualidad, es decir, saber qué le gusta a cada uno y después tener confianza con la persona para poder charlarlo, tener espacio a preguntas y espacio al diálogo”.

Liberarse de mandatos y darse permisos

Español no descarta que la presión puede ser menor cuando las relaciones no son heteronormativas, en principio porque “dentro de las relaciones homosexuales, queers, trans, donde no hay un varón heterocis y una mujer heterocis (como nos han enseñado las relaciones sexuales) a veces lo que pasa es que el guion se corre, no hay un formato, entonces nos sentimos con más libertad de empezar a explorar, a probar cosas por fuera de lo que nos enseñaron; pero también hay muchas personas dentro del movimiento LGBTIQ que reproducen normatividades y mandatos que vienen con la heteronorma”.

En cualquier caso, Wapñarsky señala que “poder darse permisos para sentir, para explorar, para jugar con uno mismo” es una práctica recomendable. “Poder tocarse todo el cuerpo, no solo los genitales, y darse permiso para fantasear” es de gran ayuda para disfrutar. “La sexualidad tiene un gran aliado: nuestra capacidad de tener fantasías eróticas, eso nos va a llevar por un camino de infinitas posibilidades que nos da nuestro cuerpo”, afirma.

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