Galeano, el campesino que ha plantado más de 1.000 árboles en Ocaña.

“Mi papá siempre me dijo que uno tenía el deber de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro” expresó el hombre de 71 años.

Cada mañana, él alista un balde con herramientas, lo amarra en su bicicleta y sale a la zona rural en búsqueda de plantas para repoblar zonas áridas, los alrededores de escenarios deportivos y espacios urbanos.

A sus 71 años, Juan Eliseo Galeano Barbosa, campesino oriundo del corregimiento Capitán Largo de Ábrego, guarda intacto el espíritu de conservación de la naturaleza que adquirió de niño, cuando aprendió a disfrutar del campo con sus padres y a ver en la tierra un medio para subsistir sin afectar los recursos naturales.

“Mi papá siempre me dijo que como humano uno tenía el deber de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Los dos primeros los cumplí al pie de la letra, pero el último lo tengo pendiente ya que no se leer ni escribir”.

Galeano es padre de 5 hijos y aunque perdió la cuenta de cuantos árboles ha plantado, calcula que pasan de 1.000. Actualmente cuida 50, los cuales están en los alrededores de la cancha La Primavera y en las zonas verdes de los barrios El Dorado y el Hatillo de Ocaña.

Su consigna siempre ha sido la de cuidarlos hasta que crezcan y luego charla con los vecinos para que los adopten y les brinden el riego.

Los árboles, tanto frutales como especies de la región, los produce en su casa. Para el riego llena ocho potes de agua, los cuales amarra a la bicicleta. A las 4 de la mañana sale a cumplir con la loable labor.

“Se imaginan si cada persona plantará un árbol, tendríamos un ambiente más agradable. He librado una lucha con niños y adultos que dañan las cercas que se les pone a los arbustos para que crezcan. Algunas personas se molestan, no entienden que hacemos parte de la naturaleza y debemos cuidarla”.

Hace 25 años Galeano se radicó en Ocaña y como buen campesino no olvidó sus raíces. Él, prefiere plantar acacias, pinos, guayacanes, matarratón y barbatuscas, árbol típico en la Provincia de Ocaña, cuyas flores son usadas como alimento.

Para cada espacio tiene una especie, pues Galeano no planta por plantar, sino que primero analiza el terreno, las condiciones del suelo y de las especies vegetales, bien sea para dar sombra, retener agua o mantener compacta la tierra.

“Uno siente emoción al ver crecer los árboles. Son parte de mi vida, como si fueran hijos”.

Para él,  los árboles son los pulmones del mundo y sinónimos de vida urbana.

 

Noticia tomada del diario La Opinión

 

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