Mientras el departamento de Arauca mueve millonarios recursos para garantizar el transporte escolar de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, detrás de las rutas estaría quedando una realidad mucho menos bonita: conductores vinculados por la empresa Piedemont con contratos de apenas $817.000 mensuales y propietarios de vehículos cargando con los costos laborales que, en principio, corresponderían al empleador.
Se trata del Contrato No. 554 de 2025, cuyo objeto es la “PRESTACIÓN DEL SERVICIO DE TRANSPORTE ESCOLAR PARA GARANTIZAR EL ACCESO Y PERMANENCIA DE LOS NIÑOS, NIÑAS, ADOLESCENTES Y JÓVENES MATRICULADOS EN LOS ESTABLECIMIENTOS EDUCATIVOS OFICIALES DEL DEPARTAMENTO DE ARAUCA”, un contrato de millonaria cuantía que tiene como finalidad garantizar un servicio fundamental para los estudiantes del departamento.
Pero mientras arriba se manejan millones, abajo aparece el conductor: el trabajador que madruga, conduce durante las rutas, transporta estudiantes y responde por su seguridad, pero que termina vinculado laboralmente por una suma que resulta irrisoria frente a las responsabilidades que le imponen.
En los documentos entregados a este medio aparece un contrato de trabajo suscrito por Logística – Izaje – Transporte Piedemont S.A.S., en el que se fija para el conductor un salario mensual de $817.000.
El mismo documento le impone obligaciones relacionadas con la seguridad de los estudiantes, inspección del vehículo, cumplimiento de horarios y recorridos, atención de emergencias, seguridad vial, primeros auxilios y mecánica básica, entre otras responsabilidades.
Es decir, para transportar a los hijos de los araucanos sí exigen responsabilidad, capacitación, experiencia y cumplimiento; para pagarle al trabajador, $817.000.
Pero la denuncia entregada por los afectados revela algo todavía más preocupante. Según el relato de los propietarios y conductores, Piedemont formaliza la contratación del conductor, pero el valor correspondiente a ese trabajador termina siendo descontado de los recursos que recibe el propietario del vehículo por la ruta.
Y, de acuerdo con la denuncia, cuando el conductor recibe el dinero correspondiente a su salario o liquidación, debe entregárselo nuevamente al dueño del vehículo, porque ese valor ya fue descontado de la operación.
Una verdadera pirueta contractual: Piedemont aparece como empleador, pero el propietario del vehículo termina poniendo la plata y el trabajador queda en el medio.
La situación golpea directamente uno de los principios básicos del derecho laboral colombiano: el trabajo debe desarrollarse bajo condiciones dignas y justas, y el salario no puede convertirse en una simple cifra que se entrega para después ser recuperada mediante descuentos o devoluciones indebidas.
El Código Sustantivo del Trabajo establece además límites claros frente a la retención, deducción o compensación de salarios.
Lo que muestran estos documentos y la denuncia de los afectados es una contradicción que resulta difícil de ignorar: un contrato público de transporte escolar de millonaria cuantía, una empresa contratista que formalmente vincula a los conductores y, al final de la cadena, trabajadores que denuncian recibir salarios miserables y propietarios de vehículos obligados a asumir costos laborales.
Aquí el problema no es solamente cuánto gana un conductor. El problema es un modelo en el que los millones están en el contrato, pero las cargas terminan cayendo sobre quienes ponen el vehículo, el trabajo y hasta la responsabilidad de transportar a los estudiantes.
Piedemont puede tener contratos firmados, formatos diligenciados y documentos en regla, pero si detrás de esa formalidad existen trabajadores que reciben una remuneración miserable y deben devolver el dinero que supuestamente les corresponde, entonces la palabra “contrato laboral” corre el riesgo de convertirse simplemente en una fachada para vestir de legalidad una relación que, en la práctica, estaría cargada contra el trabajador.
Millones para transportar a los estudiantes; $817.000 para quien pone las manos en el volante. Esa es la realidad que hoy queda expuesta en el transporte escolar de Arauca.

