viernes, octubre 16, 2026
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“Papá, ¿cuándo vuelves?”: 17 meses de secuestro y dos familias que esperan abrazar a Rodrigo López y Jesús Pacheco

Rodrigo Antonio López y Jesús Antonio Pacheco, funcionarios vinculados a la Fiscalía, llevan 17 meses en poder del ELN. En una entrevista con Canal 1, contaron cómo el cautiverio les ha arrebatado cumpleaños, abrazos y momentos irrepetibles con sus hijos. Sus familias no pierden la esperanza de volver a tenerlos en casa.

Hay cumpleaños que pasan sin una llamada de felicitación, graduaciones que se celebran con una silla vacía y niños que se acuestan preguntando cuándo volverá su papá. Esa es la realidad que viven las familias de Rodrigo Antonio López y Jesús Antonio Pacheco, dos funcionarios vinculados a la Fiscalía General de la Nación que completan 17 meses secuestrados por el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En una entrevista difundida por Canal 1, ambos relataron el sufrimiento de permanecer lejos de sus hogares, mientras sus hijos crecen y la vida familiar continúa sin su presencia. Sus palabras reflejan una de las consecuencias más dolorosas del secuestro: el tiempo perdido, ese que no se puede recuperar, aunque algún día llegue la libertad.

Uno de los testimonios más conmovedores fue el de un padre que recordó que su hijo tenía cinco años cuando fue secuestrado. Hoy, el niño tiene siete. Durante esos meses, su padre no ha podido acompañarlo en momentos importantes de su crecimiento, celebrar sus cumpleaños ni estar presente en las pequeñas cosas que construyen una infancia.

También relató el dolor de no haber podido asistir a la graduación de otro de sus hijos, una meta que esperaba compartir después de años de esfuerzo.

Detrás de las fotografías y las cartas que reciben desde sus hogares hay una realidad difícil de explicarles a los niños: sus padres siguen vivos en sus recuerdos y en sus conversaciones, pero no pueden abrazarlos, acompañarlos al colegio ni responder personalmente a sus preguntas.

Para quienes permanecen en cautiverio, cada día representa una nueva oportunidad de mantener la esperanza. Para sus familias, cada día sin noticias suficientes prolonga la incertidumbre.

Durante la entrevista, los funcionarios aseguraron que el ELN los sometió a un procedimiento que denomina “juicio revolucionario”, mediante el cual, según su versión, les habría impuesto 60 meses de cautiverio por su condición de servidores del Estado colombiano.

“No fuimos condenados como Jesús Pacheco o Rodrigo López, fuimos condenados por ser servidores del Estado colombiano”, manifestó uno de ellos.

Los secuestrados también cuestionaron la respuesta institucional frente a su situación. Afirmaron que durante el Gobierno de Gustavo Petro hubo acercamientos para buscar una salida humanitaria, pero señalaron que algunos integrantes de esa administración habrían impedido concretar un acuerdo. Estas afirmaciones corresponden a su testimonio y están pendientes de contrastación con las autoridades mencionadas.

Mientras tanto, ambos continúan esperando una solución que les permita recuperar la libertad y regresar con sus seres queridos.

El cautiverio también impone dificultades físicas. Los funcionarios describieron desplazamientos por montañas, cruces de ríos y situaciones que han puesto en riesgo su integridad.

Uno de ellos recordó que estuvo cerca de ahogarse durante el cruce de un río y aseguró que un integrante del grupo armado intervino para salvarle la vida.

Aunque señalaron que sus condiciones de salud eran relativamente estables al momento de la entrevista, reconocieron el desgaste físico y emocional que supone permanecer durante tantos meses lejos de casa, sin saber cuándo terminará la privación de la libertad.

Pero hay una carga que las palabras difícilmente alcanzan a describir: saber que sus hijos están creciendo y no poder estar a su lado.

Desde sus hogares, los familiares también alzaron la voz. En sus mensajes se mezclan la angustia, el cansancio de esperar y la esperanza de que los dos funcionarios puedan regresar sanos y salvos.

“Hay un hijo que todos los días llora por su padre, que todos los días clama por su pronta libertad”, expresó uno de sus seres queridos.

Otro mensaje resumió, con pocas palabras, la ausencia que ha dejado el secuestro: “Te extraño mucho, papá. Te extraño con toda mi alma”.

No se trata solamente de dos funcionarios que llevan 17 meses privados de la libertad. Son padres que se han perdido momentos irrepetibles, hijos que necesitan su presencia y familias que siguen adelante con la esperanza de que algún día puedan reunirse de nuevo.

Sus seres queridos pidieron a las instituciones del Estado avanzar en las gestiones necesarias para proteger sus vidas y facilitar una salida humanitaria. También hicieron un llamado al ELN para que permita su liberación.

La historia de Rodrigo Antonio López y Jesús Antonio Pacheco recuerda que las consecuencias del secuestro van mucho más allá de quienes permanecen en cautiverio. También alcanzan a los niños que preguntan por sus padres, a las parejas que sostienen sus hogares en medio de la incertidumbre y a los familiares que encuentran en una fotografía la manera de mantener vivo el vínculo.

Mientras transcurren los días, sus hijos siguen creciendo. Aprenden, cambian, celebran y enfrentan nuevas etapas sin la compañía de sus padres.

Por eso, el clamor de sus familias es urgente: que se respete su vida y se les permita regresar a casa.

Porque ningún niño debería acostumbrarse a crecer esperando un abrazo, ni ningún padre tendría que enterarse desde el cautiverio de los momentos de la vida de sus hijos que ya no podrá recuperar.

La esperanza de Rodrigo López y Jesús Pacheco sigue puesta en la libertad. La de sus familias, en volver a abrir la puerta de sus casas y recibirlos con el abrazo que llevan 17 meses esperando.

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