siguen llegando cadáveres al rio Arauca, víctimas de la guerra

La vereda Barrancones, en Arauca, queda a 25 minutos por tierra desde la capital. También es un punto estratégico fronterizo, pues cruzando el río está Venezuela. Por este corredor fluvial hay presencia de diversos grupos armados, entre ellos la guerrilla del ELN y disidencias de las Farc y algunas organizaciones paramilitares.

Barracones hizo parte de un recorrido simbólico por tierra y agua durante cuatro días, llamado “por la hermandad, la vida, la paz, la convivencia y la no continuidad”, que lideró la Comisión de la Verdad por seis zonas del departamento de Arauca.

En este trayecto también hicieron presencia la Misión de Verificación de las Naciones Unidas y representantes de la Iglesia Católica.

En este lugar conocimos a una de las lideresas que, ante estos invitados, contó que Barrancones es una de las zonas más productivas de Arauca.

“Acá somos gente trabajadora, amable, con muchas ganas de salir adelante. Esta es una tierra muy productiva. Acá se cosecha cacao, plátano, hay piscicultura, criaderos de pollo y se hace minería artesanal, porque se extrae la arena del río Arauca para la construcción”, señaló.

Mencionó que, “lamentablemente esto se ve opacado por la guerra que persiste. Nosotros, quiero aclarar, no hacemos parte del conflicto. Suceden hechos aislados”.

Cuando termina su presentación, la abordamos. ¿Podemos entrevistarla?, le preguntamos.
Ella dice que sí, “pero no mencione mi nombre”, nos advierte. Así que desde la escuela Mata Candela, donde hizo la presentación, nos trasladamos hasta la orilla del río Arauca para conversar.

En el trayecto, observamos la cotidianidad de una vereda con unas 600 personas.

Dice que no saben exactamente cuántos son, pues no hay un censo. Finalmente llegamos hasta las playas del río Arauca. “Cruzando ya es Venezuela”, dice.

Y añade: “Este río está lleno de sangre”. Explica que la vereda Barrancones es zona fronteriza y ” lamentablemente quedamos en medio de un conflicto (…) Hace dos meses vimos un cuerpo flotar en el río. Nosotros llamamos a las autoridades y ellos se hicieron cargo. No supimos quién era. No era de esta vereda”, aseguró.

El temor de hablar también es una constante en este lugar. “Acá es mejor no saber mucho ni hablar mucho”, mencionan las personas cuando les abordamos.

Sin embargo, el llamado es el mismo y casi histórico. “Necesitamos mayor presencia del Estado y no solo con militares. Necesitamos mayor y mejor acceso a salud, educación. Apoyo para proyectos productivos. Así llega la paz a este territorio”, asegura ella.

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