Prestamista fue asesinado y tirado en un canal de agua.

Fue encontrado boca abajo y hundido en un pequeño canal de agua que no tiene más de 80 centímetros de profundidad.

Boca abajo, hundido en un pequeño canal de agua que no tiene más de 80 centímetros de profundidad, fue encontrado Luis Enrique Rosas Ortega.

Su cuerpo fue visto en la mañana de ayer por empleados de un cultivo de arroz en la vereda Santa Rosa de San Cayetano y el agua que lo cubría es la que se toma del río Peralonso para llevar el agua a los cultivos por un canal natural, como un riachuelo.

Era difícil verlo, tal vez por eso nadie se había percatado de su presencia. El domingo abrieron la boca toma, tal vez por eso quedó ahí, dijo un vecino del lugar, que, como todos los que se acercaron a mirar de que se trataba, se mostró sorprendido por la escena.

En la carretera, que pasa junto a esta canal de agua, había rastros de sangre, que también cubría algunas piedras sueltas.

“Eso fue que lo cogieron a piedra”, decían algunos, sin saber quién era la víctima ni mucho menos cuál había sido la causa de su muerte.

A él solo se le veía una parte de su espalda que su camiseta, un poco recogida, no alcanzaba a cubrir. Las piernas, los brazos y la cabeza, estaban debajo de la suave corriente.

Lo otro que resaltaba era un pequeño bolso, que estaba enredado en un tronco y que flotaba junto a su hombro izquierdo.

Las autoridades fueron informadas a las 9 de la mañana de ayer. A las 11 empezó la operación de sacar el cuerpo.

Estaba hinchado, su cara no mostraba maltrato, pero su cuerpo sí tenía las marcas de la muerte: Una herida hecha con arma blanca en su espalda, otra en un costado y varias en su cuello. No era degollado, eran más bien como chuzadas, contó un testigo a La Opinión.

Luego, después de que su cuerpo saliera solo con un zapato cubriéndole el pie derecho y que fuese llevado hacia San Cayetano por la Policía Metropolitana de Cúcuta, la familia apareció.

Rosas Ortega nació en el Zulia y allá vivía, era prestamista. Había salido de su casa el sábado en su moto, pero nunca regresó, dejando dos hijos. Precisamente, los vecinos de la vereda Santa Rosa, contaron que la noche de ese sábado escucharon algunos gritos, pero nadie salió a mirar.

Para las autoridades se pudo haber tratado de un robo. No aparecen la moto, el celular ni el dinero que llevaba.

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