La Fundación Nacional Batuta mantiene sus procesos de formación en San José del Guaviare y Calamar, donde combina la enseñanza musical con acompañamiento social y trabajo con las familias.
La música se está convirtiendo en una herramienta de formación, convivencia e inclusión para niños, niñas, adolescentes y jóvenes del Guaviare. A través de la Fundación Nacional Batuta, los participantes no solo reciben formación artística, sino que también fortalecen capacidades que pueden aportar a su desarrollo personal y social.
Johana Alfonso Calderón, gestora territorial del Nodo Oriente de Batuta, explicó en que la organización, creada en 1991 y que este año cumple 35 años de trayectoria, desarrolla un modelo basado en la práctica colectiva de la música como instrumento para potenciar talentos y capacidades.
En el Guaviare, Batuta tiene presencia desde 2005 y actualmente adelanta procesos en San José del Guaviare y Calamar, con el apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y la articulación con instituciones educativas.
Uno de los principales componentes del programa es que la formación musical está acompañada de un trabajo social y humano.
De acuerdo con la organización, los procesos colectivos permiten fortalecer habilidades como el trabajo en equipo, la disciplina, la autoestima, la convivencia y la gestión de las emociones.
Alfonso Calderón explicó que los formadores reciben orientación para identificar las necesidades particulares de cada participante y brindar un acompañamiento acorde con las circunstancias de cada territorio.
El trabajo también involucra a las familias. Batuta desarrolla actividades de integración y realiza muestras musicales en las que los niños y jóvenes pueden presentar ante la comunidad los aprendizajes alcanzados durante sus procesos de formación.
Estos espacios, además de mostrar los avances musicales, buscan fortalecer el reconocimiento de las capacidades de los participantes y generar vínculos entre las familias, las instituciones y las comunidades.
Uno de los principales retos de Batuta es garantizar la sostenibilidad financiera de los procesos que actualmente desarrolla y encontrar nuevas posibilidades para ampliar su cobertura hacia zonas rurales y otros municipios.
La fundación sostiene que cada territorio tiene necesidades particulares y que los programas deben responder a esas realidades.
Un ejemplo señalado por la organización es el centro musical de Saravena, Arauca, dirigido a personas con discapacidad, experiencia que evidencia la posibilidad de utilizar la formación musical como una herramienta de participación e inclusión.
Para el caso del Guaviare, Batuta busca mantener y ampliar la articulación con instituciones públicas, privadas, educativas y comunitarias, con el propósito de fortalecer los espacios de formación artística y musical.
La apuesta, según la fundación, es que la música no se quede únicamente en el aprendizaje de un instrumento, sino que se convierta en un espacio donde niños, adolescentes y jóvenes puedan descubrir sus capacidades, relacionarse con otros y encontrar nuevas oportunidades de desarrollo.

