El nuevo presidente de Colombia puso en marcha un plan de choque contra las estructuras armadas ilegales.
Arauca, Catatumbo, Cauca, Nariño, Putumayo y Guaviare aparecen entre las zonas prioritarias.
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, inició su Gobierno con una meta de alto impacto en materia de seguridad: capturar o abatir a diez cabecillas de grupos armados ilegales durante los primeros 90 días de su mandato.
La estrategia hace parte del denominado “plan de choque”, anunciado durante la campaña presidencial y que busca cambiar el rumbo de la política de seguridad implementada durante el Gobierno de Gustavo Petro.
Según estimaciones de la Fuerza Pública recopiladas por la Fundación Ideas para la Paz, en Colombia habría cerca de 29.000 integrantes de grupos armados organizados, mientras que al menos 14 zonas del país registran disputas activas entre estructuras ilegales.
Entre los territorios considerados de mayor riesgo están Catatumbo y Arauca, en la frontera con Venezuela; Cauca y Nariño, en el Pacífico; Putumayo, en la frontera con Ecuador, y Guaviare.
¿Quiénes están entre los objetivos?
Dentro de los principales objetivos de las autoridades aparece Néstor Gregorio Vera Fernández, alias Iván Mordisco, señalado como máximo jefe del autodenominado Estado Mayor Central.
También figura Alexander Díaz Mendoza, alias Calarcá Córdoba, comandante del Estado Mayor de los Bloques y Frente; Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo, señalado como máximo jefe del Clan del Golfo, además de los principales comandantes de estructuras del ELN que tienen presencia en el Catatumbo.
Durante una visita a Cúcuta, el presidente De la Espriella incluso lanzó un ultimátum de un mes a los comandantes del Frente 33 y del Frente de Guerra Nororiental del ELN.
Las autoridades atribuyen a estos cabecillas diferentes hechos delictivos y acciones violentas, aunque ninguno ha sido condenado judicialmente por los hechos mencionados.
Primeros resultados de la ofensiva
La nueva estrategia comenzó a mostrar resultados durante el primer fin de semana del Gobierno.
El domingo, el mandatario confirmó la muerte de Hernando Forero Mosquera, alias Ruso o Alemán, señalado por las autoridades como cabecilla del Frente 28 de las disidencias de las Farc.
Según información oficial, Ruso habría sido enviado desde Arauca para asumir el control de esa estructura. Murió durante una operación conjunta de inteligencia militar y apoyo de la Fuerza Aeroespacial en una zona ubicada entre Meta, Guaviare y Vichada. En la acción también murieron otros tres presuntos integrantes de la organización.
Ese mismo día, al menos cinco presuntos integrantes de la estructura Carlos Patiño murieron durante una operación militar en zona rural de El Tambo, Cauca, mientras varias familias permanecían confinadas.
La ofensiva se produjo después de la explosión de un vehículo cargado con explosivos cerca de un peaje en construcción en inmediaciones de Santander de Quilichao, también en Cauca.
Advierten sobre posibles efectos de la ofensiva
La estrategia del nuevo Gobierno también ha generado preocupación entre organizaciones que estudian el conflicto armado colombiano.
El International Crisis Group advirtió que una ofensiva enfocada en eliminar o capturar a los principales cabecillas puede provocar la fragmentación de las estructuras y desencadenar nuevas disputas internas por el control territorial.
Elizabeth Dickinson, subdirectora para América Latina de esa organización, señaló que este tipo de estrategia puede generar un incremento de la violencia en el corto y mediano plazo.
Uno de los antecedentes citados es la captura de Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, en 2021 y su posterior extradición a Estados Unidos. Tras su salida, el Clan del Golfo no desapareció y, de acuerdo con distintos análisis, terminó fortaleciendo su presencia en varias regiones.
Con la meta de diez cabecillas en 90 días, el Gobierno de Abelardo de la Espriella enfrenta así uno de sus primeros grandes desafíos: golpear las estructuras armadas sin que la caída de sus principales líderes desencadene nuevas disputas por el control de territorios estratégicos.

