martes, febrero 10, 2026
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Cuando el poder se ejerce desde el desespero

En Tame no solo se libra una contienda electoral, se respira, según múltiples versiones coincidentes, un ambiente de presión política impropio de una democracia.

El protagonista de estos señalamientos es el alcalde Miguel Ángel Bastos, a quien distintas fuentes atribuyen un comportamiento marcado por el desespero, aparentemente originado en el pobre desempeño electoral de su candidata a la Cámara, Alexa Quirife, quien no habría logrado conectar con el sentir ciudadano del municipio.

De acuerdo con testimonios recogidos por este medio, el mandatario local habría condicionado bienes y servicios públicos al respaldo político, utilizando la maquinaria amarilla y programas sociales como mecanismos de presión.

Un caso reiterado es el de la comunidad de Corocito, donde líderes comunales aseguran que, tras expresar su apoyo al candidato José Sierra, se les habría negado el uso de maquinaria para obras básicas.

Versiones similares señalan que en sectores como San Salvador y San Joaquín, la entrega de kits escolares habría estado supeditada a la eliminación de publicidad política de otros aspirantes, en particular del candidato Manuel Pérez, del Centro Democrático, bajo la advertencia de que, si no se cumplía esa exigencia, los útiles no serían entregados a los niños.

Más grave aún resultan los relatos que indican que el propio alcalde, en llamadas privadas, habría insultado y recriminado a la negrita quirife, familiar de la candidata Alexa Quirife, recordándole favores pasados —como mercados entregados meses atrás— tras verla posar en una fotografía con el candidato Germán Rozo Anís. Hechos que, de confirmarse, revelarían una relación política sostenida en la recriminación y el chantaje moral, no en la afinidad ideológica.

Diversas fuentes advierten además que el alcalde habría adoptado una actitud agresiva frente a quienes se niegan a respaldar a su candidata, profundizando un clima de intimidación política que no puede normalizarse.

A ello se suma la versión según la cual Bastos habría impulsado el cambio del lugar de votación de varios concejales del casco urbano a zonas rurales, conducta que hoy es objeto de indagación y que podría acarrear responsabilidades disciplinarias y penales.

Una fuente reservada asegura que el mandatario habría reprendido e insultado a las hermanas Ruiz, responsabilizándolas por el fracaso del lanzamiento de campaña de Alexa Quirife en Tame, evento que, según percepción ciudadana, careció de respaldo y convocatoria.

Este medio no sentencia, pero advierte: cuando el poder público se utiliza —presuntamente— para presionar, intimidar o castigar al que piensa distinto, la democracia se degrada. Corresponde ahora a los organismos de control establecer si estas versiones tienen sustento.

Lo que sí resulta claro es que el voto no puede comprarse, ni forzarse, ni extorsionarse.

En Tame, el respaldo ciudadano no debería depender del miedo, sino de la convicción.

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