Las recientes renuncias de dos candidatos a la Cámara de Representantes por Arauca no pueden leerse como hechos aislados ni como simples decisiones personales. Son, por el contrario, síntomas graves de una democracia enferma, condicionada por el miedo, el silenciamiento y la presión armada.
La salida de Emilse María González Jiménez, candidata del Movimiento Salvación Nacional, tras denunciar amenazas, constreñimiento electoral y ausencia total de garantías por parte del Estado, dejó al descubierto una realidad que en Arauca se conoce desde hace años, pero que pocos se atreven a decir en voz alta: hacer política libremente sigue siendo un riesgo de vida.
Más grave aún resulta que, pese a las solicitudes formales de protección, la Unidad Nacional de Protección no haya garantizado las condiciones mínimas para que una candidata pudiera ejercer su derecho a participar en la contienda electoral. Cuando el Estado no protege, el miedo se convierte en la verdadera autoridad.
A este escenario se suma la renuncia de Guillermo Murcia Duarte, aspirante a la Circunscripción Transitoria Especial de Paz, quien formalizó su retiro ante la Registraduría Nacional. Aunque se argumentan razones personales, su salida ocurre en medio de un ambiente de alta presión política, reacomodos forzados y profundas dudas sobre la limpieza del proceso electoral, especialmente en las curules creadas para dignificar a las víctimas del conflicto.
Ambas renuncias coinciden con denuncias persistentes sobre trasteo de cédulas, cambios masivos de puestos de votación hacia zonas rurales y presiones ejercidas por grupos armados ilegales, particularmente el ELN, que históricamente ha tenido influencia en amplias zonas del departamento. No es un secreto —aunque pocos lo documenten— que en algunos sectores se estaría orientando el voto para favorecer a determinados candidatos, con especial interés en el piedemonte araucano.
Cuando se obliga a un candidato a retirarse, cuando se condiciona el voto, cuando se traslada artificialmente el censo electoral y cuando el terror sustituye al debate de ideas, ya no estamos frente a una contienda democrática, sino ante un escenario de imposición.
Preocupa, además, el silencio institucional. ¿Dónde están las garantías efectivas de la Registraduría, del Consejo Nacional Electoral, del Ministerio del Interior? ¿Quién responde por una democracia que se va quedando sin candidatos porque participar cuesta la vida?
Las circunscripciones de paz nacieron para reparar, incluir y democratizar, no para convertirse en botines políticos ni en espacios capturados por presiones armadas. Si los liderazgos legítimos se retiran y solo quedan quienes cuentan con “respaldo territorial armado”, el espíritu de la paz se desvirtúa.
Arauca no puede normalizar que los candidatos renuncien por miedo, ni que el silencio sea la estrategia de supervivencia. Una democracia donde solo participan quienes tienen protección de facto no es democracia: es simulación.
Desde La Voz del Cinaruco advertimos con responsabilidad: si no se restablecen garantías reales, si no se frena el constreñimiento electoral y si no se investiga a fondo la injerencia de los grupos armados en las elecciones, el resultado de las urnas estará viciado desde antes de abrirse.
La pregunta de fondo sigue siendo incómoda, pero necesaria: ¿Quién está decidiendo hoy las elecciones en Arauca: los ciudadanos o las armas?
FUENTE : lavozdelcinaruco

