En la política local los cambios suelen ser discretos. Pero lo de Miguel Bastos ha sido evidentemente contrario. Aquel hombre prudente y mesurado hoy parece dominado por el desespero, decidido a defender a toda costa la candidatura de Alexa Milena Quirife. Una candidata que no despega, que no conecta y que no logra entusiasmo.
Cuando una campaña necesita empujones y presiones para sostenerse, el problema no es la gente: es la candidata. Lo más grave, según múltiples voces de la comunidad, es que el respaldo ya no se estaría pidiendo, sino exigiendo.
Resulta humillante que Miguel Bastos y Emiro Gómez, en lugar de convencer con propuestas, pretendan presionar a personas humildes condicionando la instalación del servicio de gas al apoyo electoral. Convertir una necesidad básica en herramienta política no es liderazgo, es desespero.
Triste ver a un alcalde desgastar su imagen intentando imponer lo que la calle no respalda. En democracia el apoyo se gana, no se arranca a punta de presión. Y si una candidatura no prende, gritar más fuerte no la hará brillar. Porque al final, más que las encuestas, lo que queda es la memoria de cómo se trató a la gente. Y esa memoria no se apaga con ninguna llave de gas.

